Brujas nocturnas (original septiembre-octubre 2022)

 

Había un grupo de brujas que practicaban la alquimia en el pueblo de Arroyonorte. Ellas a sí mismas se denominaban alquimistas, pero por el alcalde eran consideradas brujas peligrosas.

 

Practicaban la alquimia por la noche para no correr riesgos, con las herramientas que habían desarrollado buscaban remedios para tratar a la gente y para mejorar las cosechas entre otras, el objetivo final, que era la piedra filosofal, estaba en un segundo plano, pues había que desarrollar otras cosas antes para conseguirlo.

 

Una de ellas estaba mezclando elementos y trabajando el flogisto para las plantas. Hasta que dio con una receta para aumentar el crecimiento de los tubérculos al doble, lo que ayudaría mucho a la población que estaba en la escasez, mientras el alcalde vivía en la opulencia, despilfarrando a su paso y cubriendo, a quien tenía que cubrir, de privilegios a costa de la población.

 

Cuando las alquimistas repartieron entre los campesinos su receta, fue bien recibida, aunque no tanto por la Guardia Real, que confiscó todo el producto y parte de las cosechas de los campesinos al ver tal atrevimiento.

 

Las alquimistas debían desarrollar un plan para derrocar a este alcalde, basándose en el poder de la población para conseguir liberar la alquimia de las trabas impuestas. Se pusieron a conjurar un plan para que, tras la próxima requisa periódica, envalentonar a la población para rebelarse.

 

Empezaron a hablar con el campesinado para que tomasen conciencia de que el alcalde los estaba oprimiendo, sin revelar el plan, les instigaron a esconder cosechas y guardar armas, a lo que accedió la mayoría.

 

La Guardia Real en su ¨labor¨ empezó a requisar las cosechas entre el campesinado: habían recogido bastante menos que otras veces, y estaban en la plaza llamando a los campesinos para que fueran a dar explicaciones, era el momento, los guardias estaban concentrados y los campesinos todavía en sus casas, con acceso a sus armas. Entonces las alquimistas, vieron la oportunidad y salieron de su clandestinidad.

 

Sirvieron a su vez de señuelo para que los campesinos tuvieran tiempo de prepararse, y que la Guardia Real se dividiera en cuanto a qué hacer. Una turba de campesinos se dirigió a la plaza y junto a las armas alquímicas acabaron al completo con la Guardia Real, y se dirigieron al Ayuntamiento.

 

Allí estaba el Alcalde tirano, casi desprotegido, al que colgaron boca abajo tendido de un mástil con la bandera de las alquimistas en la azotea del Ayuntamiento. Un régimen de terror en nombre de la razón empezó.

 

Se distribuyeron las tierras reales y en manos de la nobleza, se acabó con el poder de la Iglesia y se eliminaron las restricciones a la alquimia. Acto seguido se formó la Guardia de La Razón y se desarmó al campesinado.

 

Muchos se quejaron de este último acto, puesto que las armas del campesinado habían dado la victoria, y formar otra guardia con la misma jerarquía que la guardia anterior podía ser peligroso.

 

Hubo conatos de rebeldía contra el nuevo Gobierno y se les aplicó el terror al igual que a los elementos de la Iglesia y Nobleza.

 

Tras un desarrollo significativo de la alquimia, las condiciones mejoraron y la población pareció calmarse, no había ninguna posibilidad real cercana de restauración de la realeza y antiguos gobernantes.

 

Las alquimistas empezaron a dividirse por como repartirse los nuevos beneficios sacados de las cosechas y los puestos administrativos, así que, un ala de ella empezó a contactar con resquicios del régimen anterior para hacer un pacto secreto.

 

El campesinado al verse totalmente apático buscaba un movimiento que les ayudase a cambiar su situación de alguna forma. El ¨flogisto¨ estaba listo, solo había que prenderlo.

 

Un golpe contra el otro sector de las alquimistas acaeció y fueron alejadas del poder y encarceladas, no hubo régimen de terror puesto que no era necesario, y se instauró un compromiso alquimia-monarquía. El mismo Rey acudió a Arroyonorte para ver qué sucedía y felicitó al nuevo gobierno del pueblo que había instaurado el orden.

 

Fin.

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